Viaje a Malasia y perfeccionismo

El 4 de enero viajé a Malasia. Cuando compré el billete en octubre, una de las emociones que aparecieron fue el miedo. Miedo a que el viaje pudiera comprometer los resultados de mi reto. No me fui un mes de vacaciones, sino de “trabaciones” (mi traducción literal de la palabra inglesa workation) o sea unas vacaciones que combinan el trabajo con el ocio. Seguí trabajando en mi trabajo que, afortunadamente, puedo hacer online y, por supuesto, en este mismo proyecto, pero lo pude hacer en otro entorno que no fuera Barcelona que, en la última temporada me iba quedando siempre más pequeña.

Entre las dudas que tenía sobre el viaje estaba el hecho de no saber cómo mi cuerpo iba a reaccionar con el cambio de comida y estilo de vida. Sin embargo, conseguí mantener cierto equilibrio, conectar más con mi cuerpo y, además, moverme mucho más de lo que suelo hacer en Barcelona. Te lo cuento todo en el post Cómo mantener tus hábitos saludables estando de viaje.

El 31 de enero volaba de regreso a Barcelona, sin embargo, perdí mi vuelo de conexión en Dubai y tuve que pasar una noche allí. Cuando me di cuenta de lo que estaba ocurriendo pasé de momentos de incredulidad a momentos de desesperación, enfado y decepción conmigo misma. Sin embargo, tuve mucha suerte y el episodio se añadió directo a mi bagaje de experiencias y sabiduría. Tuve el tiempo de pararme a analizar la situación y a encontrar consuelo de una manera diferente a la que solía estar acostumbrada. Volví a estar cara a cara con la perfección, una amiga/enemiga que me acompaña desde hace años. Te cuento sobre ella en el post La perfección, mi peor enemiga.

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