Cambios emocionales después de 7 meses de reto

El reto de mi viaje hacia unos cuarenta saludables es de llegar a la mejor versión de mí misma físicamente, emocionalmente y mentalmente.

Es fácil enseñar visualmente lo que se ha alcanzado con un cambio físicos, pero no se puede hacer lo mismo para un cambio emocional o mental. Entonces, ¿cómo puedo dar testigo de esos cambios?

A la vuelta de mi viaje a Bulgaria en abril, quedé con algunos amigos que no veía desde hace meses y muchos me dijeron que me había cambiado algo en la cara, como si me hubiera cambiado la fisonomía. Sí claro, me había adelgazado, pero me decían que era algo más. Una amiga, después de pasar un rato con ella, me dijo que, según ella, era la energía que desprendía.

Un salto en el pasado para dar algo de contexto

Si pienso en la Claudia que a los 24 años se fue de Cerdeña recuerdo a una chica inmadura para su edad, muy perdida y muy ingenua. Dieciséis años después veo a una Claudia que se ha transformado en una mujer madura y empoderada.

Durante ocho años, desde que me fui de Cerdeña, tuve una vida nómada y estuve viviendo entre cinco países, lo que me dio la oportunidad de aprender cuatro idiomas y culturas que se añadieron a mi bagaje cultural y emocional. Pero ese vagabundear no fueron decisiones conscientes y tomadas con un objetivo concreto, sino que me dejé llevar por las circunstancias y la suerte.

Durante los últimos 16 años de mi vida estuve en una continua búsqueda existencial intentando entender qué era lo que quería hacer con mi vida y cuál era mi razón de ser en este mundo. En el camino tuve varias ideas e intenté seguirlas, pero no conseguía que se me encendiera la bombilla y me faltaba esa paz emocional que me hiciera decir, “vaaaale“. 

Qué significa ser la mejor versión de mí misma emocionalmente

– Yo conmigo misma –

Durante muchos años de mi vida tenía la costumbre de rechazar las emociones que me hacían sentir incómoda e intentaba quedarme solo con las buenas.
Si me pasaba algo malo, o negativo, me solía enfadar, decía que tenía muy mala suerte y me quejaba de que las cosas malas solo me pasaban a mi. El lado positivo de las cosas no existía, era todo bueno o todo malo.

Con el pasar de los años, gracias a cursos, terapias y lecturas varias, he aprendido a reconocer las emociones y a aceptarlas, todas ellas, indiscriminadamente, que sea tristeza, felicidad, sorpresa, asco, miedo o ira. He aprendido que todas ellas pasan por una razón, que podemos identificar o no, pero pasan para que podamos seguir creciendo y transformarnos en mejores seres humanos.

Esta nueva perspectiva me ha ayudado a buscar explicaciones, a hacerme preguntas, a analizar y a darme respuestas por las circunstancias que me tocan vivir. Entender por qué razón estoy pasando por cierta emoción, en cierto momento, equivale a comprender qué es lo que tengo que aprender de esa experiencia.

Este reconocer las emociones me ha ayudado a entender cuál es mi razón de ser y cuál es mi propósito en esta vida. Hoy día puedo decir que me encanta mi vida, me levanto de la cama con ganas de vivir un día más sabiendo que estoy haciendo lo que me hace feliz y estoy trabajando en cuidarme a mí misma para ser capaz de aportar mi granito de arena en construir una sociedad mejor. Esto me proporciona una sensación de plenitud y me siento feliz. Me da la sensación de vivir una vida en la que todos los días de la semana saben a fin de semana.

– Amistades –

Llegar a ser la mejor versión de mí misma emocionalmente ha significado, también, aceptar el hecho de que no puedo llevarme de maravilla con todo el mundo. Hay personas con las que simplemente no hay conexión o las que, inclusive, tienen una carga opuesta a la tuya y pueden ser tóxicas.

Llegué a pensar que era por mi culpa si no conseguía tener amistad con todo el mundo que se me cruzara por el camino. Un día, finalmente, me di cuenta de que es parte del aprendizaje. Algunas personas llegan para enseñarme algo y, además, se quedan, independientemente de la distancia que nos pueda separar. Otras están solo de paso, te dejan algo y se van. Entre estas últimas está el grupo de las personas tóxicas que parece que no te aportan nada, aunque, si lo analizas bien, seguro que algo te han traído, aunque sea reconocer algo que tú no quieres en tu vida.

Lo mejor ha sido reconocer que el mundo está lleno de personas y que nuestra vida es demasiado corta para desperdiciar nuestro tiempo con las personas que quitan en lugar de las que suman.

– Amores –

Y las emociones son también las que están relacionadas con la vida sentimental y de pareja. Tengo que decir que en mis ocho años en Barcelona este aspecto de mi vida fue simplemente un desastre. Tuve mis momentos de desesperación, de tristeza, de incredulidad y de frustración, pero en estos últimos meses he conseguido darme una respuesta que tiene mucho sentido: en todos estos años necesitaba aprender a conocerme, a cuidarme y a trabajar en mi misma para prepararme para una relación sana y adulta. Bueno, estoy bastante convencida de haber llegado a ese punto, ahora hay que ver si me cruzaré con alguien en el camino 😉

La decisión importante que ha llegado con estos cambios emocionales

En el resumen del mes de abril de mi reto te comentaba que algunos cambios emocionales me hicieron tomar unas decisiones importantes, y la más importante de todas ha sido la de dejar Barcelona después de ocho años y medio.

Hacía meses que estaba pensando en irme de la ciudad, y para serte sincera creo que tal vez años… Pero, por experiencias previas, ya sabía que un cambio de país no es fácil y, además, tampoco estaba muy consciente de lo que estaba buscando. Sin embargo, fue llegar a Bansko, un pequeño pueblo de montaña en Bulgaria, y decidir que allí era donde iba a ser mi nueva base.

Irme de Barcelona significa salir de mi zona de confort. Aquí tengo a mis amistades, ya conozco la ciudad y sé cómo moverme fácilmente en ella, no tengo ningún problema con el idioma y tengo mis costumbres y hábitos. Aquí todo ya es fácil. Pero la nueva Claudia ya no le tiene miedo a los cambios sino que los busca, sobre todo si sabe que es un cambio que le va a aportar mucho.

Siempre me consideré una “city girl” y nunca he necesitado el contacto con la naturaleza, al revés, le tenía bastante rechazo. Pero parece que ahora ya no es así y lo que me apetece es un lugar tranquilo, silencioso, con aire puro, con una montaña donde poder pasear y donde el tiempo transcurre despacio. ¿Y qué hacer ahora que he reconocido lo que de verdad me apetece? ¡A por ello!, ¿¡no!?

Un cambio emocional es darte cuenta de lo que te hace feliz, de lo que quieres de verdad en tu vida y, además, perseguirlo. No hay que tener miedo pero tampoco hay que lanzarse sin pensar. Evalúa, considera, saca opciones, encuentra soluciones, pero no dejes de buscar ese cambio emocional si eso es lo que necesitas.

Parece que este post ha salido inclusive más personal de lo que suelen ser. Espero no haberte aburrido, sino haberte traído un poco de inspiración para trabajar en tu cambio emocional, si es que necesitas uno.

Como siempre, te agradezco un montón tu visita a mi blog ,y si quieres ponerte en contacto conmigo, no dudes en dejarme un comentario aquí abajo o enviarme un correo a hola@claudiacanu.com.

Te dejo aquí el enlace por si quieres leer sobre mis cambios físicos después de 7 meses de reto.

Un abrazo fuerte,

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