Cómo acepté mi cuerpo y por qué decidí cambiarlo

Desde siempre quería tener un vientre plano y poder ponerme cualquier camiseta sin pensar si se me marcaban demasiado los michelines.

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Muchas veces luché para conseguir este cambio en mi cuerpo pero todas las veces fallé. Cada fallo pesaba más, sobre todo si pensaba en que los años se estaban pasando rápido.

¿Acaso a los 39 años de edad iba yo a conseguir un abdomen plano si no lo conseguí cuando era más jóven, que es cuando es más fácil perder peso?

Y luego un día, de forma inesperada, me di cuenta de que ya me daba igual. Al fin y al cabo tampoco tenía sobrepeso, me había acostumbrado a mi cuerpo y, lo más importante, estaba sana. Llegué a aceptar mi cuerpo. Sí, a los 39 años y con unos quilitos que nunca tuve antes, llegué a aceptar mi cuerpo.

No sé muy bien cómo ocurrió, pero hacía un tiempo que había empezado a sonreirme a mi misma y a hacerme cumplidos. Pasé primero por una temporada que casi no quería ni verme en el espejo, y menos en fotos, porque simplemente no me gustaba lo que veía. Pero un día me dije que no podía seguir por ese camino. Empecé entonces a enfocarme en cosas pequeñas de mi misma que sí me gustaban y a hacerme cumplidos para esas mismas características. Decidí darle importancia a todo lo que me gustaba en lugar de fijarme en lo que no me gustaba. Consecuencia directa fue una gran mejora de mi autoestima lo que me llevó a empezar a apreciar todo el complejo, y despacio a aceptarme tal y como era.

El proceso se podría resumir de esta forma:

Buscas lo que te gusta –> Te haces cumplidos –> Tu autoestima mejora –> Te aceptas  

Esta aceptación me hizo sentir liberada, tranquila, relajada y sin agobios de necesitar alcanzar algo que veía tan lejano e imposible. A veces me he preguntado si a eso se le llama resignación pero mi respuesta siempre ha sido la siguiente “¿Qué te importa como se llama, si te hace estar bien?”.

Por qué decidí cambiar mi cuerpo

Finalmente, un día pasó algo que no esperaba: una fuerza que tenía adentro se despertó. Yo la llamo fuerza de voluntad. Se me presentó y me dijo muy amablemente: “Claudia, está genial de que por fin hayas aceptado tu cuerpo, felicidades! Pero dime una cosa, ¿en realidad eso es lo que quieres? ¿En serio crees que no puedes conseguir ese objetivo que siempre quisiste alcanzar? Sabes que eres una persona fuerte y que si te pones algo en la cabeza lo vas a conseguir. Tal vez podrías dejar de esperar milagros y centrarte en buscar un cambio global. ¿Qué te parece?”.

Escrita en un papel De hecho sí puedo

Creo que no hace falta que te diga cuál fue mi respuesta.

Durante muchos años mi desesperación, y mi falta de autoestima, me hicieron buscar milagros.

Además, tenía la impresión de que todas las demás mujeres pudieran conseguir un súper cuerpazo sin tener que hacer mucho esfuerzo.

Probé tratamientos, parches, masajes, mallas, dietas, alimentos milagrosos… en realidad me gasté bastante dinero. Pero me di cuenta de que el dinero no me iba a ayudar y que lo que en realidad necesitaba era un cambio de actitud.

Así fue cuando empecé a pensar que para conseguir ese mismo objetivo tenía que estar trabajando en otros aspectos de mi vida y no solo centrarme en eliminar esos michelines.

Y así fue como cambié todo mi enfoque y empecé a trabajar en otros aspectos de mi vida que no fueran solo el cambio físico.

¿Te interesa saber cuál fue mi paso siguiente? Te lo cuento en el post “No te centres solo en un cambio físico”.

Mil gracias por pasarte por aquí.

Un abrazo grande y feliz vida saludable,

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